viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen (1934-2016)

Así pues, una vez más se reunieron en la roca, al término del vigesimosegundo año, e Ish grabó el número 22 en la superficie lisa con el martillo y el cincel, justo debajo del 21. Como hacía un buen día y nada de frío, había acudido la comunidad entera, hasta las madres con los bebés. En cuanto el número estuvo grabado, todos, salvo los que eran tan pequeños que no sabían hablar, se desearon feliz año nuevo, según la costumbre que habían mantenido de los Viejos Tiempos.
Sin embargo, cuando Ish, siguiendo el ritual, preguntó cómo debían llamar al año, no obtuvo más respuesta que un silencio repentino.
Al final, quien tomó la palabra fue Ezra, el buen ayudante, el gran conocedor de almas.
--Este año han pasado demasiadas cosas y, le pongamos el nombre que le pongamos, siempre nos sonará mal. En cambio, los números consuelan y no traen malos recuerdos. Dejemos este año sin nombre y recordémoslo tan solo como el año 22.

George R. Stewart, La tierra permanece

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