miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Son ilusiones" en Retrofuturo

Pues sí, pues sí, este mes de noviembre me publican no uno sino dos cuentos. Aquí voy a hablar del que escribí antes. Aparecerá en la antología Retrofuturo. Una mirada a los años 70, que ha seleccionado el simpar Guillem López y que edita la no menos simpar editorial gaditana Cazador de Ratas. La cubierta, de Iván Ruso, ilustra mi relato "Son ilusiones", por lo que no dejo de sentirme el chico de la portada. Es una sensación extraña, sobre todo cuando escribes ficción de uvas a peras y cuando todos tus compañeros de reparto pertenecen a la primera fila de autores de relatos de la actual ciencia ficción española: Alfredo Álamo, Colectivo Juan de madre, Jesús Cañadas, Nieves Delgado, Cristina Jurado, Guillem López, Layla Martínez, Francisco Jota-Pérez, Sofía Rhei, Tamara Romero y Marian Womack, por citarlos en orden alfabético, Soy incapaz de decidir qué relato me gusta más: el nivel medio es muy elevado, todos los relatos son muy originales, y de verdad que es una antología muy consistente, que nos hemos quedado muy a gusto escribiendo los relatos y yo apostaría a que va a ser una de las sorpresas agradables y estimulantes de esta recta final de año.



Ahora bien, ¿qué es Retrofuturo? Pues, como dice el subtítulo, una mirada a los años setenta. En clave evocadora. En clave desmitificadora. En clave mitológica. Se trata de constatar que los años setenta siempre estuvieron ahí, en la chulería, en la actitud, en lo ético y en lo estético. En la exageración. En la iconoclastia. Ahora que los años ochenta están tan de moda, gracias a fenómenos mediáticos como Stranger Things, nos hemos marcado un momento retro, en todos los sentidos del término, lo cual nos ha permitido una libertad creativa absoluta y un nivel de idas de olla fantástico, a la par que una revisión creo que coherente. Al respecto, se nota, y mucho, la labor de edición de Guillem López: sin hablar de una antología ideológica, sí queda claro que todos estábamos pensando más o menos en lo mismo, aunque, y esto es maravilloso, potenciando nuestros respectivos estilos y concepciones ideológicas de la década macarra por antonomasia.


Guillem López se ha marcado, en apenas dos años, la mejor novela de 2015, la que tal vez sea la mejor novela de 2016 y una de las antologías más potentes de los últimos años. ¿Quién da más?

En otra entrada destriparé los contenidos de la antología, aunque sin adentrarme en la crítica: queda feo, ya que soy parte interesada. Solo comentaré que el origen de este Retrofuturo viene de una ida de olla en Facebook, en la que Alfredo Álamo y Guillem López comentaban, en clave jijí jajá, cómo serían las películas de la blaxploitation setentera en plan Shaft, si estuvieran narradas en clave retrofuturista. Unos cuantos inconscientes entramos al trapo, y el resto, como se suele decir, es historia. Guillem formó equipo en tiempo casi récord, apenas hubo un par de bajas en el camino que fueron suplidas también en tiempo récord, no tardamos demasiado en encontrar editor y, a partir de ahí, fiesta.
Debo destacar la absoluta entrega de Guillem al proyecto, que ha ido más allá de lo que es una edición al uso. Lo conocí en unas circunstancias un tanto peculiares. Cisco Bellabestia y Sara Herculano, sus editores de Aristas Martínez, venían a Barcelona a presentar la magnífica revista Presencia Humana Magazine, con la que colaboré en algunos de sus cinco números. Era la época en que Mireia aún era muy pequeñita y su ritmo de sueño nos tenía locos, así que Cisco y Sara tuvieron el enorme detalle de acercarse por mi barrio para tomar unos cafés, ponernos cara y voz, y pasarme los ejemplares de cortesía de PHMgz. Los acompañaba Guillem, colaborador habitual de la revista. Le iban a sacar una novela, y también estaba preocupado por asuntos de pañales, ya que estaba a punto de ser papá. Conectamos bien, y a partir de ahí la cosa no hizo sino mejorar. Me pidió participar en la presentación de su novela Challenger, y más tarde en la de La polilla en la casa del humo. Además, me dio un cheque en blanco al pedirme participar en esta antología desde su misma concepción. No dejaba de sentirme el intruso, porque llevaba quince años sin publicar ficción (aún no había aparecido mi primer relato desde 2001, "Blanca como la arena", en el estreno de Equinox, Junto a la hoguera). Me ayudó mucho a dar con el tono del relato, a buscar el punto de vista adecuado (suya es la sugerencia de comenzar in medias res, que creo que es uno de los aciertos del relato) y, en resumen, a desbloquearme en los momentos en que parecía que no arrancaba a comenzar el relato y parecía que no iba a entregar a tiempo. En resumen, si he podido acabar "Son ilusiones" y participar en este Retrofuturo, ha sido gracias a él.
¿De qué trata "Son ilusiones"? Ya escribiré otra entrada sobre todas las claves
Por cierto, me he permitido un pequeño juego con el lector: una lista de reproducción en Spotify que contiene todas las canciones que se mencionan o sugieren en el relato. Si veis que falta alguna, me lo decís y la añado.  que se pueden contar sin incurrir en el spoiler, pero, grosso modo, es un cuento teslapunk con el que creo inaugurar el nonainopunk
Os habéis quedado como estabais, ¿verdad? Vuelvo a intentarlo. "Son ilusiones" es mi homenaje a los años setenta, que viví desde el cascarón, siendo consciente de que pasaba algo aunque demasiado pequeño como para participar en ello. Los discos que llevaban mis hermanos a casa eran cada vez más ruidosos o macarras. En la calle había cargas de los grises día sí, día también, y a mi madre le mataron a una exalumna en una manifestación. Lo que ahora nos venden en Cuéntame era una pura mandanga, ahí pasaba algo. La transición no era una canción de Jarcha o Rosa León, sino una canción de Los Chichos o de Leño. El extrarradio se movía, yo estaba tan cómodo en mi colegio de curas de barrio bien, pero porque era pequeñito y no salía. El cuento trata de esos años setenta intuidos, pasados por un barniz de certezas que adquirí con el paso de los años y, por supuesto, con lo que pedía Guillem: retrofuturismo a tope. El teslapunk llegó solo, de la mano de la arquitectura de Antonio Palacios, cuya obra al margen de sus delirios de los primeros tiempos del franquismo es en sí misma retrofuturista. Y luego le puse la banda sonora, y el componente ucrónico. Creo que no dejo nada al azar, aunque alguna inconsistencia habrá. No pasa nada, ya la desarrollaré en otras historias; de hecho, tengo una continuación apalabrada, y hasta ahí puedo contar.
Como digo, en otra entrada hablaré del resto de los cuentos, aunque sin entrar en jardines críticos literarios, solo para apuntar algunas claves interesantes. Y, cuando el libro esté a la venta, 
Lo importante: espero que compréis la antología, porque merece la pena, y la disfrutéis en su justa medida; es decir, mucho. Ya me la comentáis. Gracias y un beso.

Etiquetas: , , , , , , , ,

0 Comments:

Publicar un comentario en la entrada

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home