domingo, 15 de enero de 2017

Presentación de "Retrofuturo" el 19 de enero en la librería Gigamesh

El jueves que viene, día 19 de enero de 2017, a las 19:00 horas y en la librería Gigamesh, tendrá lugar la presentación de la antología Retrofuturo. Una mirada a los años 70, seleccionada por Guillem López y editada por Cazador de Ratas. En el cartel están los datos más relevantes. La presentación se emitirá por streaming, como siempre, y luego se colgará por el canal de YouTube de la librería Gigamesh. Esa misma noche o el viernes actualizaré el blog enlazándola, no os libráis.



Si no llevo mal la cuenta, será la presentación más concurrida de las tres que se habrán celebrado hasta ese momento (Madrid, Valencia y esta de Barcelona, aunque ahora me quedo con la duda acerca de si ha habido más presentaciones), nada menos que con cinco autores de los doce que participamos; casi la mitad. Mejor: así habrá más variedad. 
Sofía Rhei (cuya Róndola va a estar en todos los listados de novelas españolas finalistas de premios especializados) nos hablará de "La máquina de los deseos", protagonizado nada menos que por la ahora muy de actualidad Angela Carter (esa edición de sus cuentos por Impedimenta es uno de los acontecimientos literarios de los últimos años). 
Colectivo Juan de Madre, responsable de El barbero y el superhéroe (uno de los títulos capitales del género en 2016, al margen de nacionalidades), hablará de "Los ojos" (obligatoria para fans de la Joy Division). 
Francisco Jota Pérez (otro de los valores que, sin prisa pero sin pausa, han pasado a la primera línea del panorama editorial español en general, como demuestran Polybius y su participación en Alcasseriana) defenderá "Trabante", un cuento muy personal para él que nos remite a la lucha obrera de los años setenta en la cementera de Vallcarca.
Tamara Romero (de la que acabo de corregir un cuento durante estos días, y hasta ahí puedo contar... hasta dentro de un par de meses, claro) explicará por qué mezcló a las muñecas Barbie con la llegada a la Luna en "Hospital Clarence Halliday para juguetes enfermos" (¡y por qué le sale tan bien!).
Y servidor, pues bueno, comentará todo lo que ustedes querían saber sobre "Son ilusiones", mi aportación nonainopunk al conjunto.
Echaremos de menos la presencia del resto de los autores implicados en el proyecto: Jesús Cañadas, Marian Womack, Cristina Jurado, Nieves Delgado, Alfredo Álamo, Layla Martínez y, por supuesto, Guillem López. No se confirma ni desmiente la presencia de la responsable de la editorial, Carmen Moreno, pero doy por hecho que vendrá.
Espero no echar de menos vuestra presencia en la presentación.
Hasta el jueves.

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Bola extra. Venga, acá va un adelanto del cuento, que no se diga.

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SON ILUSIONES


Ah, no, sin vivir en Madrid no lo entenderás.
Burning[1]

josé y alfonso

Van a salirse de la calzada aérea. Caerán sobre un descampado colindante con un bloque de viviendas de auxilio social, cien metros más abajo. «Esto sí que tiene guasa», canturrea José mientras da un volantazo en el último momento. Las voces de Diego y el Jeros se elevan por encima de la imitación con corriente alterna de riffs de guitarra de bobina eléctrica. Su mirada hace un loco barrido. El camión al que trataba de adelantar por la derecha; el ángel custodio que remata un hito kilométrico en sentido El Escorial; el camión que se aleja; la enorme cruz que se acerca; el tráfico que viene en sentido contrario; el ángel custodio que, ochenta metros más a la izquierda, remata el hito kilométrico en sentido Madrid; el quitamiedos que se lleva por delante la capa de pintura de la puerta del copiloto; y la pota que acaba de soltar Alfonso mientras aferra el volante y, sin dejar de potar, endereza la trayectoria del automóvil. Dejan atrás las furgonas de la bofia y se incorporan al carril rápido. Los aeróstatos de la benemérita vuelven a la carga, cada uno por un flanco, a una distancia prudente mientras transitan por la Via Triunfalis, y sin el menor miramiento desde que se incorporan a la ronda de los Hospitales. Dejan y dejan a un lado la inmensa torre del cerro Garabitas y se acercan al Gómez Ulla. El aeróstato lanza incontables ráfagas de ametralladora que se sobreponen a la música:

Lo que hacemos en la vida
luego de nada nos vale.[2]

José le da un relevo a Alfonso, quien puede buscar por fin un pañuelo con el que limpiarse los restos de vómito que cuelgan de la hirsuta melena y de las tachuelas de la chupa. Una esquirla producida por el impacto de una bala de ametralladora sobre la superficie de la calzada rebota contra la carrocería como un baquetazo seco que marcase el final del verso y el principio del siguiente.

Todo es una mentira…,

Un nuevo golpe seco, idéntico a los que producían las pedradas que lanzaban contra el tren de alta velocidad en su infancia a su paso por el barrio, anuncia que otra esquirla ha hecho blanco, esta vez sobre la luna trasera. Oyen un croc y un crieeeec, y el vidrio se viene abajo.

… todo se lo lleva el aire.

La canción se confunde con el vendaval. No puede ir más rápido, el acelerador está bloqueado. Una mirada por el retrovisor confirma sus temores: el aeróstato que viene por su lado les ha dado alcance. El otro maniobra para situarse encima de ellos. Distingue a un guardia civil que asoma con un rifle polifásico, ajusta la mirilla y busca posición de tiro. José entrecierra los ojos para conjurar el chorro de aire. Qué limpio es todo, qué insonoro y aséptico. Con su viejo cuatro latas todo habría sido un festival de tubos de escape desprendiendo gasógeno, derrapes, frenazos y acelerones poniendo a prueba la capacidad de desgaste de las llantas de caucho. Se va matar a doscientos por hora, pero sin un puto ruido. Maravillas de la corriente alterna.

Hay veces que me pregunto
pero no sé contestarme.

«¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Toda esta movida para robar un armatoste que suena peor que un payo tratando de enseñarte a tocar flamenco?»
Los designios de Diego son inescrutables; pero el Jeros es el Jeros: se merece eso, y más. Aunque sea de Vallecas. Aunque pertenezca a otra banda. Pero estaban juntos en esto. Ha merecido la pena, solo por verle la cara al baranda. Daba risa, el gachó. «Esto sí que tiene guasa», vaya si la tiene.
Ambos aeróstatos disparan al unísono. La megafonía proclama algo parecido a «…gan el …vor de …cionar en …rcén». Sí, sí, detente, aparca y enséñame los papeles, pero el francotirador bien que sigue ajustando la mirilla y buscando el momento más oportuno para dejarlo frito. José piensa a toda prisa mientras los acordes se arrastran con ese sostenido enervante, capaz de despertar a un muerto… o de algo aún peor, si hay que creer lo que le dijo Diego.



[1] Burning (letra y música), «Madrid», Madrid. Ocre-Belter, 1978.
[2] Chichos, Los (letra y música), «Son ilusiones». Achilipú Dijcos, 1977.

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